Hay medidas que cada persona puede tomar para minimizar el impacto del cambio climático, y que tienen que ver con cambiar los hábitos de consumo.
Por ejemplo en el uso de la electricidad: apagar las luces que no se están utilizando, utilizar lamparitas de bajo consumo en lugar de las comunes, no dejar el cargador del celular enchufado cuando no se está usando.
Son pequeñas medidas, pero su impacto a nivel masivo es muy importante. También se puede reducir la cantidad de basura que se genera reutilizando los productos y optando por aquellos que están hechos con materiales reciclables.
Algunas de las acciones que se toman para reducir la contaminación ambiental, como el uso de la bicicleta en lugar del automóvil, también generan beneficios para la salud, sobre todo a nivel cardiovascular.
Una medida fundamental que no admite dilación es el manejo racional del agua.
Si bien en amplias zonas de la Argentina es abundante, no tardará en escasear. El 97,5 % del agua de nuestro planeta es salada. Y buena parte del 2,5 % restante de agua dulce (presente en ríos, lagos y napas subterráneas) está hoy contaminada.
Se estima que alrededor del 70-75 % del agua utilizada se destina a las actividades agrícolas, entre 15-20 % a las industriales, y el escaso resto al uso doméstico. Su carencia podría provocar un colapso de la agricultura en varias regiones del planeta.